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jueves, 29 de septiembre de 2016

SALÓN ERÓTICO DE BARCELONA


El Salón Erótico de Barcelona refleja la hipocresía española en su spot

«No nos gusta la hipocresía. A nadie le gusta. Pero es una de esas cosas en las que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Pues aquí os dejamos unas cuantas pajas. Y nunca mejor dicho, porque este es el nuevo spot del Salón Erótico de Barcelona», así ha presentado su nuevo trabajo la agencia catalana Vimema Films.




‘Patria’ es el título con el que han bautizado al nuevo spot del Salón Erótico de Barcelona 2016; el nuevo trabajo de Vimema tras el spot ‘Orgull Valencià’. Se trata de un anuncio dirigido por Carles Valdés (realizador, director creativo y fundador de Vimema Films) que trata de ilustrar la faceta más hipócrita de la sociedad española.
La actriz porno Amarna Miller es la que le da voz a un discurso que va ilustrándose con escenas en las que, mediante el uso de personajes estereotipados, se exponen diversos aspectos de una realidad hipócrita en España. Tratan temas relacionados con la cultura, política, economía, religión, etc. y consiguen darle a la imagen un doble sentido gracias a un juego de travelling, con el que empiezan con un primer plano del personaje y van abriendo el plano para acabar mostrando el segundo significado que es el que completa el concepto escogido.
Vimema Films es una agencia catalana con sede en la ciudad de Barcelona con más de 12 años de experiencia en el mundo de Internet, clave de su éxito. «Nos encargamos de todo, desde la idea inicial, pasando por la producción del spot, hasta la estrategia de lanzamiento. Porque reducimos costes, porque no tiene sentido que los que saben de internet sólo aparezcan en la distribución del producto, porque es la clave de nuestro éxito».


Vídeo: UNA PATRIA HIPÓCRITA

GALERÍA DE IMÁGENES DEL NACIONAL CATOLICISMO












ÁLBUM DEL FRANQUISMO FALANGISMO Y NACIONAL CATOLICISMO


















BLOG: ENSAYO SOBRE LA LIBERTDAD SEXUAL




NAKEDISANART I




NAKEDISANART II



sábado, 17 de septiembre de 2016

LOS 7 PECADOS CAPITALES DE LA SENSUALIDAD Y LA SEXUALIDAD




Por Pedro Taracena Gil

Cuatro son las emociones que se consideran como básicas: el miedo, la ira, la alegría y la tristeza. Independientes de la cultura o condición de la persona. Sin duda según sepamos gestionar conscientemente los estados de ánimo, así desarrollaremos mejor nuestra personalidad en positivo.
Al margen de estas cuatro magnitudes, existen otras sensaciones que afectan y enriquecen la vida del ser humano. Para abundar en la sensualidad que percibimos a través de los cinco sentidos: ver, oler, oír, tocar y gustar, he tratado de rescatar de las garras de la cultura judeocristiana, siete sensaciones tomadas como negativas que consideradas como vicios, debían de ser reprimidos y combatidos  con antídotos considerados virtudes.
Aunque los estados modernos democráticos y laicos, hayan secularizado los usos y costumbres, aún queda un poso de negativismo en la moral religiosa,  imperante durante siglos en Occidente. Para ahondar en esta metería he tomado el ensayo como formato para llevarlo a cabo. Sí, un brevísimo ensayo sobre LOS SIETE PECADOS CAPITALES en el siglo XXI. Donde pretendo desacralizar los conceptos divinos de pecado, vicio y virtud. Estos siete pecados mortales según el Padre Jerónimo de Ripalda, se llaman capitales porque son cabeza de otros muchos



1º La lujuria se convierte en pecado cuando la sexualidad se aparta de su único fin que es la procreación. En la actualidad lejos de ser un valor negativo es un derecho de las  mujeres y los hombres en libertad e igualdad. El derecho a la realización sexual. La mujer tiene el derecho para decidir sobre su propio cuerpo. El ser madre es una opción no una obligación. La sensualidad y la sexualidad del ser humano es causa de satisfacción y alegría. La castidad solamente es un valor opcional.




2º La gula está considerada como pecado cuando se abusa de las comidas y bebidas para obtener placeres con la gastronomía con exceso y con ansia. Desbordando la mera satisfacción de la alimentación equilibrada para la subsistencia. En la actualidad más que evitar un pecado o caer en un vicio, lo que se plantea es una educación desde la edad infantil para tener una vida saludable y evitar enfermedades derivadas de la obesidad. La Sanidad Pública debe prescribir una nutrición equilibrada para adultos, que responda a su esfuerzo físico y su trabajo. Y evitar el abuso de bebidas alcohólicas y erradicar la droga de cualquier naturaleza para la población sin importar la edad. La gula como exceso sí es considerada como una cuestión negativa. Y cuando se atenta contra la salud pública, es un delito. Su antídoto es la templanza: Moderación, sobriedad y continencia.

 


 La avaricia que desborda en grado sumo el afán muy noble de superación de cada persona, no solamente es pecado bajo la moral religiosa, sino que es una conducta antisocial y condenable por la sociedad laica. El egoísmo de acaparar riquezas a cualquier precio, incluso acudiendo al fraude y a la falta de solidaridad, es un comportamiento detestable y muy negativo. Contra avaricia largueza: Generosidad y desprendimiento.





4º La pereza según dicen los teólogos: “Es el pecado capital que crea tristeza de ánimo. Una actitud negativa frente a las obligaciones del hombre que tienen que ver con los ejercicios de piedad y de religión”. Los teólogos añaden: “Asimismo, hace referencia a la incapacidad que siente el hombre de aceptar y hacerse cargo de su propia existencia”. Es evidente que este pecado de índole divina tiene una transcripción en el siglo XXI muy diferente, en las disciplinas de Psicología y Psiquiatría. El cuadro teológico que se menciona más arriba, tendría su diagnóstico a través de la gestión del conflicto de las emociones básicas. Diligencia es la virtud que contrarresta a la pereza, si ésta no es patológica.




5º La ira se trata de una emoción básica. En el plano religioso en un manual de Teología podemos leer. “Que una persona comete el pecado capital de la ira cuando adopta una negación vehemente de la verdad, así como cuando alberga deseos de venganza. Asimismo, en la actualidad, también se considera ira cuando una persona es intolerante hacia otras, ya sea por motivos de raza o religión”. La ira en el campo de la razón es una emoción auténtica y como tal debe tratarse. También puede ser una satisfacción subjetiva el sentimiento del  odio. En ningún caso si no tiene consecuencias dolosas para el odiado, el odio en sí mismo no es un delito o un factor negativo. Contra ira paciencia aunque no es una respuesta muy eficaz, cuando los sentimientos están enconados.






6º La envidia es el pecado capital que en el plano teológico y en el aspecto laico, tienen la misma valoración negativa y el mismo rechazo moral. Contra el pecado de la envidia, la virtud de la caridad. Y en el plano social y político, contra el deseo de conseguir cosas que tienen terceras personas, está la justicia y la solidaridad.




7º La soberbia según la Teología es: “Uno de los pecados capitales más importantes y más serios. Este pecado daría lugar a todos los demás, según las enseñanzas morales de la Iglesia. Se caracteriza por el deseo y convicción de ser más importante y mejor que los demás, adoptando una confianza extrema en uno mismo que deriva en la vanidad”. Su contrario es la humildad. No obstante la soberbia desde el punto de vista laico, social y político, tiene un punto de equilibrio. Del lado personal está el derecho a ser respetado y al mismo tiempo a tener un alto grado de autoestima. Y del lado social tenemos la exigencia a que nos traten con justicia y con igualdad. La humillación impuesta por los otros o soportada libremente por el servilismo de uno mismo, no es un valor positivo. 



Es evidente que cuando estas sensaciones, emociones y sentimientos se analizan como si Dios no existiera, el diagnostico se razona y mucho de lo negativo se torna en positivo.



Fotos: Pedro Taracena Gil

domingo, 11 de septiembre de 2016

LA SEXUALIDAD, EL SÉPTIMO SENTIDO


El Ángel Caído
Ricarod Bellver
Foto: Pedro Taracena Gil

Acudimos al concierto de las emociones

Por Pedro Taracena Gil

Desde muy niños somos conocedores de los cinco sentidos del ser humano: ver, oír, oler, gustar y tocar. Estos cinco sensores constituyen las puertas por donde captamos nuestra sensualidad. Después nos han hablado del SEXTO SENTIDO, se trata de sensaciones sutiles ajenas a la percepción de la realidad y que pertenecen al universo espiritual.
Otros tratados vienen a explicar que los cinco sentidos de la sensualidad, pueden y deben estar al servicio de la sexualidad. Pero la sexualidad como sentido autónomo y motriz de toda nuestra realidad humana, personal y social, se encuentra en el limbo de los prejuicios y de los complejos. Más aún, la cuestión sexual es una materia a la que es lícito censurar y en muchos de los casos ni mencionar. Tabú encofrado en la misión puramente biológica del aparato genital reproductor, femenino y masculino.
No solamente tenemos carencia de una educación sexual laica y sin tabúes, sino que ya nuestros ancestros condenaron al ostracismo más inhumano,  el derecho a nuestra realización sexual. Realización sexual en libertad, igualdad, respeto y responsabilidad. Este vacío es patente y carece de interés para los responsables políticos de los planes de estudio, que debieran  corregir esta mutilación educacional, y sobre todo para que la educación sexual salga de la clandestinidad más hipócrita.
Nadie es ajeno al tema de la sexualidad. Si se aborda sin perjurios y sin complejos, es fácil hablar de la sexualidad y de las sensaciones y emociones que produce. Porque en todos los seres humanos, salvo aquellos que voluntariamente  renuncien a ella, brotan en su interior emociones sexuales. En términos de la cultura clásica es Eros quien hace acto de presencia, ante el principio de que a toda acción corresponde una reacción. Todo estímulo sensual o sexual tiene su respuesta con la excitación erótica.
Todos estos términos se comprenderán  mejor si nos adentramos en el mundo de las emociones. Considerando y valorando los órganos genitales y la sexualidad como valores positivos. Es decir, dadores de emociones ajenas a la moral, la religión y las costumbres tradicionales. Para mejor entender la utilización de estos conceptos, es preciso aplicar a cada palabra el contenido que cada persona libremente le otorgue. 
Sensaciones como el gozo, el placer, la alegría, el amor, la amistad, la ternura, las caricias, el erotismo, el coito, la masturbación, la felación, sin distinción  de sexo, son en términos subjetivos, energía cargada en positivo. Para mejor entender este concepto de carga positiva, podemos utilizar el símil de dos  asistentes a un  concierto de música clásica, donde hay solistas, orquesta y coros. Uno de los asistentes es un simple amante de la música clásica, sin embargo el otro, es un director de orquesta consagrado y además fue concertino de una de las orquestas que él dirigió. ¿Quién apreciará mayor gozó en este maravilloso concierto?  ¿Quién de los dos percibirá más matices en los sonidos de los instrumentos?
Este ejemplo sirve para ilustrar que la sexualidad ha sido apartada de las emociones si no está implicada directamente en los gentiles. De esta manera mutilamos nuestra realización sexual. Cuanta mayor experiencia tengamos en el conocimiento y práctica de todos los instrumentos, mayor será nuestro gozo, nuestro placer y mayores satisfacciones compartiremos.
No olvidemos que a todo estímulo corresponde una respuesta. Si el estímulo tiene carga positiva, la respuesta será placentera y positiva. Las emociones pueden venir también con carga negativa: el dolor psíquico, la tristeza, la angustia… ¿Por  qué no responder con todas las emociones, incluyendo las emociones sensuales, sexuales, eróticas y hasta pornográficas? Estos conceptos han de salir del ámbito de la moral y la religión. Lo lúdico, lo impúdico, lo deshonesto desde el punto de vista sexual y  la concupiscencia, no irradian energía negativa. La resultante en el estado de ánimo de la persona es sexualmente muy positiva, aunque no estemos ante un acto sexual  y genital exclusivo. Una persona realizada sexualmente en libertad, es una persona cargada de energía positiva.  Y está mejor preparada para responder ante una invasión de penas y calamidades de carga a veces muy negativa.
Con este planteamiento, el autor de este brevísimo ensayo, es consciente de que puede ser incomprensible o incluso rechazable por la cultura judeocristiana. Donde el sexo está limitado a la procreación y toda realización sexual al margen de estos fines divinos, es  negativa y en muchos casos considerada antinatural.


jueves, 1 de septiembre de 2016

LA SEXUALIDAD Y LA CLANDESTINIDAD



El Ángel Caído
Ricardo Bellver
Foto: Pedro Taracena

Los asexuados y la pobreza sexual

Por Pedro Taracena

Los hombres y las mujeres nacemos desnudos y la sociedad nos viste con los ropajes de la hipocresía, los prejuicios y los complejos. No sabemos hacer casi nada, salvo llorar, patalear y chuparnos el dedo. Pero la familia y la escuela nos ensañan a comer, andar, hablar, leer, escribir, relacionarnos con los demás, socializarnos en suma. Aprendemos a descubrir y enumerar nuestros cinco sentidos: La vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído. Estos cinco sensores constituyen nuestra sensualidad. Hay otro sentido que es el sexual. Los sensores de la sexualidad están polarizados en los órganos genitales, tanto de la mujer como del hombre. Su función última que no es la única, es garantizar la perpetuación de la especie, es decir la procreación.
La sensualidad y la sexualidad, lejos de ser un conjunto de sensaciones y emociones separadas, están íntimamente ligadas. Ante cualquier estímulo aplicado a todas y cada una de las partes del cuerpo, se obtiene una respuesta de sensibilidad muy variada. Es decir, que la sexualidad no es exclusiva de las partes genitales. Y la realización sexual de la persona es un derecho que tiene el ser humano, al margen de prejuicios sociales, políticos y religiosos. No obstante, al igual que la familia y la escuela se ocupan de nuestra educación en general, la educación sexual ha quedado históricamente al margen de la persona, la familia y la escuela. Como si las mujeres y los hombres fuéramos seres asexuados.
Es una situación carente de racionalidad que no seamos educados para el uso y disfrute de nuestra sexualidad. Que además tampoco seamos formados en temas ligados, directamente a las consecuencias de nuestra realización sexual. Materias relacionadas con las primeras relaciones sexuales a través de la información completa en el control de la natalidad. Evitando embarazos no deseados.
El uso y disfrute de nuestra sexualidad de forma individual o con otras personas, comienza y concluye en la más estricta clandestinidad. La sexualidad es una parcela del comportamiento humano totalmente proscrita en la tradición judeocristiana. En el Estado moderno la realización sexual es un derecho con cuatro vertientes fundamentales: La igualdad, la responsabilidad, el respeto y la libertad. No obstante, sigue sin haber una asignatura en las familias y las escuelas, para ensañar las diversas manifestaciones legales que tiene la sexualidad en la actualidad.
En la actualidad y pese a los avances legales, seguimos practicando el sexo al margen de una pedagogía y didácticas sensuales y sexuales. Los niños descubren su sexualidad en la clandestinidad, que no en la intimidad. Porque el niño se comienza a masturbar con la sensación de hacer algo que está mal y contrayendo un complejo de culpa, aunque más leve que cuando tenía una connotación religiosa. Cuando estas iniciativas sexuales traspasan el área de lo íntimo y se practicas entre adolescentes, además de la clandestinidad les asiste la ignorancia más supina de cómo hacer. Las prisas y el miedo les alejan del placer y del gozo más elemental. Si contemplamos estos encuentros entre personas del mismo sexo, les acompaña el agravante de rechazo social. Los encuentros sexuales en lugares más o menos retirados y discretos, someten a las personas que acuden en busca de sexo, a las mismas circunstancias negativas y nada satisfactorias. Es fácil observar que la gente busca desahogarse en lugar de encontrar una realización sexual. Más aún, una realización sensual y sexual. Estas prácticas eróticas tienen su principio y final en el ámbito genital, y la ausencia de más leve información empobrece de gran manera la realización sexual, proporcionando mucha frustración. En un encuentro íntimo no solamente se encuentra el placer en lo genital, aunque sea lo más próximo y más placentero. En el encuentro íntimo entre dos personas, hay muchos conceptos que hay que cultivar y tener en cuenta. Estos conceptos no siempre se dan juntos, pueden ser más o menos esporádicos y también se pueden repetir con variaciones en el tiempo.
La sensualidad, la sexualidad, el erotismo, la pornografía, la morbosidad, el cariño, las caricias, los masajes, el amor, la ternura… Esta amplia escala de emociones y sensaciones no tienen por qué hacerse presente en las mismas personas, siempre y para siempre. Para gozar de todas ellas es menester de una educación en el tiempo. Una disciplina dotada de una pedagogía y didáctica, mencionadas más arriba, que constituyan la educación para realizarnos sexualmente en libertad.
Hay también algunos conceptos que bajo el prisma de la moral reinante, han sido anatematizados y criminalizados en su raíz de forma irracional e injusta.
El Narcisismo como búsqueda del alter ego donde descubrimos el Narciso que todos llevamos dentro. Es un medio para fomentar la autoestima. Este valor es en sí positivo. Sería negativo si el narcisismo de uno invade y perjudica al otro.
El exhibicionismo es negativo cuando se convierte en patológico, practicándolo sin respetar los derechos de los demás y sobre todo de la infancia y los dependientes. Pero el deseo de ser mirado y admirado por los demás no es negativo. Y el gusto por mirar y admirar la belleza y la sensualidad de los demás tampoco es negativo.
El voyerismo, más coloquialmente llamado el mirón, es negativo cuando es patológico y sobre todo cuando se atrinchera en un lugar donde él se oculta.
Los términos: lascivia, impudicia y concupiscencia, es verdad que si les despojamos de todos sus aditamentos religiosos, nos encontramos que para la realización sexual son muy positivos. De igual manera al contemplar los términos de: castidad, pureza y virginidad. Son vocablos muy virtuosos desde el punto de vista de la moral religiosa. Pero que en la vida civil son opciones  que sus contrarios no son considerados como negativos.
Este breve ensayo tiene como objeto el colocar la realización sexual en el universo de las emociones consientes de cada ser humano. Enriquecer nuestra vida sexual al margen de los caducos conceptos, que ponen todo su centro de atención en los órganos genitales. Y sobre todo en el sexo rápido y en la eyaculación irrenunciable. Olvidando el orgasmo femenino.